Conexión manual

Mi primer dedo de la mano derecha deslizó en la pantalla del celular sobre tu cara hace unos años.

Me quedó impresa en la retina una de tus imágenes en el desierto, parecías casi un ninja. Esa imagen, ahora que lo pienso, me hizo acordar al Agustín de hace 10 años. Oh, queridos patrones.

En ese momento no hubo conexión.

Años más tarde, cuando nos volvimos a cruzar, muy cerquita de tu cumpleaños, charlamos un poco. De entrada y sin vueltas hiciste un pequeño resumen de vos, para mi. En ese pequeño resumen contabas un poco tu pasado y otro poco tu futuro. Ese futuro implicaba un viaje en poquitos meses. Charlamos un tanto más y luego desaparecí.

Me parecía que no tenía sentido empezar a conocer a una persona que sabía que tenía, por así decirlo, una fecha de caducidad. Me gusta tomarme mi tiempo, sin importar que vaya a pasar.

Cuando caí en la cuenta que lo que me estaba planteando no tenía sentido, y que me estaba privando de conocer a una persona con la que de entrada había habido linda conexión, dije: «¡a la mierda!».

Una tarde sin planearlo después de juntarme muchas horas a trabajar con amigues, me invitaste a tu terraza a tomar vino y birra. Tu perrito y la música que elegiste me cautivaron. O quizás también fue la manta enorme y peluda que me prestaste para mitigar el frío que hacía ahí arriba.

Estábamos a casi 2 metros o más de distancia, vos estabas nervioso, no parabas de hablar. Cuando me iba y te callaste, pasó la magia.

*

Me acuerdo cuando cocinabamos con mi playlist de fondo, vos con tus dedos en recuperación post cirugía. Hablando del curry y otros condimentos ricos. Ah, tauro con tauro.

*

Cuando me accidenté, cerca de tu casa, viniste, me alcanzaste al hospital junto a mi bici y te ocupaste de la cena.

Vimos una peli hermosa de pixar que reflexionaba sobre el propósito y la motivación. Te quedaste dormido en mis brazos. A los pies tuyo, tu perro.

Después de nuestro último café, te cedí una sesión de osteopatía para ver de aliviar las migrañas que a veces te agarraban y recuperar la sensibilidad manual.

Ahora estás allá, andando en bici y conectando con tu vocación, muy entusiasmado. Celebro eso.

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